Cuernavaca.- Cuando Mikel Balerdi planta su caballete en una calle de Cuernavaca, ese pedazo de banqueta se convierte en su estudio. Ahí comienza una jornada sin horario: puede terminar bajo el sol, soportar la lluvia o pasar horas buscando el tono exacto de una pared que miles de personas observan todos los días sin detenerse. De origen vasco, el artista está por cumplir un año pintando la capital morelense. Primero comenzó retratando los interiores de su estudio, ubicado en la zona norponiente de la ciudad, pero poco a poco decidió sacar sus pinturas y pinceles para convertir los lugares que forman parte de su recorrido cotidiano en protagonistas de sus lienzos. Su método requiere paciencia. El Palacio de Cortés le tomó aproximadamente tres meses; otros tres dedicó a representar la calle Hidalgo. Hace apenas unos días terminó una obra de tres metros con una vista de la Casona Spencer, mientras continúa recorriendo Cuernavaca en busca de nuevos espacios para pintar. “Las calles de Cuernavaca tienen algo muy especial” Balerdi trabaja directamente frente a sus modelos urbanos. No busca corregir aquello que encuentra en el paisaje ni construir una versión idealizada de la ciudad. Si un edificio está torcido, así intenta llevarlo al lienzo. “Las calles de Cuernavaca tienen algo muy especial”, asegura el artista, quien concentra buena parte de su trabajo en reproducir con precisión medidas, formas, luces y colores. Esa forma de pintar también lo obliga a convivir durante semanas o incluso meses con un mismo espacio. El paisaje cambia, la luz se transforma durante el día y las condiciones climáticas pueden modificar completamente una jornada de trabajo. Cerca de 70 obras para retratar una ciudad Actualmente, Balerdi mantiene alrededor de 70 obras en proceso, entre interiores, exteriores y pequeños detalles de los lugares que observa diariamente. El proyecto tiene un objetivo a largo plazo: reunir las piezas en una exposición que está proyectada para 2028 en la Casona Spencer, donde pretende mostrar su particular mirada de Cuernavaca después de años de recorrerla y pintarla. Más que concentrarse únicamente en los sitios emblemáticos, su trabajo busca capturar aquellos elementos cotidianos que construyen la identidad visual de la ciudad. Pintar “un cachito de la vida real” Formado con pintores europeos, Balerdi explica que parte de su trabajo se desarrolla bajo el principio de la mímesis, basado en observar y representar la realidad buscando reproducir aquello que tiene frente a los ojos. Su intención es conseguir que, al mirar una pintura, exista la sensación de encontrarse frente a “un cachito de la vida real”. Pero esa búsqueda también significa que ninguna obra tiene un calendario completamente definido. “Sé cuándo empiezo, pero no sé cuándo acabo”, resume. Algunas pinturas pueden avanzar rápidamente, mientras otras requieren meses de observación y trabajo antes de que el artista considere que están terminadas. Invita a los jóvenes a sacar el arte a las calles Después de conocer la riqueza cultural y artística de México, Balerdi asegura haber encontrado una enorme cantidad de talento que, considera, necesita ocupar más espacios públicos. Por ello, parte de su mensaje está dirigido a las nuevas generaciones de artistas mexicanos: salir de los talleres, instalar los caballetes y permitir que la creación artística también suceda frente a la gente. Mientras prepara su exposición, él continúa haciendo precisamente eso. Una banqueta, una calle, una fachada o un edificio pueden convertirse durante horas en su lugar de trabajo. Su estudio no necesita cuatro paredes: por ahora, su estudio es Cuernavaca.
2026-09-26


